100 Frases de Martín Fierro
Dicen que el Martín Fierro es el Libro Nacional de los Argentinos. A decir verdad lo es. Entre mucha de otras literaturas, el Martín Fierro marca e ilustra el pensamiento y vida del gaucho argentino, y de los indios y sus tierras. Aquí, para celebrar la hispanidad en EEUU quise poner mi pequeña cuota de Argentina. Aquí 100 versos del poema Martín Fierro escrito por José Hernández que fue publicado en 1872
1. Aquello
no era servicio ni defender la frontera, aquello era ratonera en que sólo gana
el juerte.
2. Cantando
me he de morir, cantando me han de enterrar, y cantando he de llegar al pie del
Eterno Padre, desde el vientre de mi madre vine a este mundo a cantar
3.
4. El
Indio es una hormiga que día y noche está despierto.
5. ¡Quién
aguanta aquel infierno! Si eso es servir al Gobierno, a mí no me gusta el cómo.
6. Ande
hay tanto quen sufrir; y naides me ha de seguir cuando yo remuento el vuelo.
7. Que
la tierra no da fruto si no la riega el sudor.
8.
9. No
hay tiempo que no se acabe ni tiento que no se corte
10. Mi
gloria es vivir tan libre como el pájaro del cielo: no hago nido en este suelo.
11. Soy
toro en mi rodeo y toraso en rodeo ajeno.
12. No
salvan de su juror ni los pobres angelitos- viejos, mozos y chiquitos los mata
del mesmo modo- que el Indio lo arregla todo con la lanza y con los gritos.
13. Y
sepan cuantos escuchan de mis penas el relato que nunca peleo ni mato sinó por
necesidá, y es que a tanta adversidá sólo me arrojó el mal trato.
14.
15. Con
la guitarra en la mano ni las moscas se me arriman.
16. Yo
no sé por qué el Gobierno nos manda aquí a la frontera gringada que ni siquiera
se sabe atracar a un pingo.
17. No
hacen más que dar trabajo, pues no saben ni ensillar, no sirven ni pa carniar,
y yo he visto muchas veces que ni voltiadas las reses se les querían arrimar.
18. Las
coplas me van brotando como agua de manantial.
19. Ni
un pedazo de tabaco le dan al pobre soldao, y lo tienen, de delgado más ligero
que un guanaco.
20. Aquí
me pongo a cantar, al compás de la vigüela que al hombre que lo desvela una
pena extraordinaria, como el ave solitaria con el cantar se consuela.
21. ¡Ah
tiempos! -Si era un orgullo ver jinetiar un paisano.
22. Y
el Indio es como tortuga de duro para espichar, si lo llega a destripar, ni
siquiera se le encoge; luego sus tripas recoge y se agacha a disparar.
23. Y
sentado junto al fogón a esperar que venga el día, el mate se prendía hasta
ponerse rechoncho, mientras su china dormía tapada con su poncho.
24. He
visto muchos cantores, con famas bien otenidas, y que después de adquiridas no
las quieren sustentar.
25. Muchas
cosas pierde el hombre que a veces las vuelve a encontrar, pero les debo
enseñar, y es güeno que lo recuerden, si la verguenza se pierde jamas se vuelve
a encontrar.
26. El
que se tiene por hombre, donde quiera hace pata ancha.
27. Y
atiendan la relación que hace un gaucho perseguido, que padre y marido ha sido
empeñoso y diligente, y, sin embargo, la gente lo tiene por un bandido.
28. No
me hago al lao de la güeya, aunque vengan degollando, con los blandos yo soy
blando, y soy duro con los duros, y ninguno en un apuro me ha visto titubiando.
29. El
que hoy tan pobre me vea, tal vez no creerá todo esto
30.
31. ¡La
codicia ojala les ruempa el saco!
32. Soy
toro en mi rodeo y toraso en rodeo ajeno.
33. Que
la tierra no da fruto si no la riega el sudor.
34. ¡No
hay tiempo que no se acabe ni tiento que no se corte!
35. El
cantar mi gloria labra y poniéndome a cantar, cantando me han de encontrar
aunque la tierra se abra.
36. Vengan
Santos milagrosos, vengan todos en mi ayuda, que la lengua se me añuda y se me
turba la vista.
37. Y
el Indio es como tortuga de duro para espichar, si lo llega a destripar, ni
siquiera se le encoge; luego sus tripas recoge y se agacha a disparar.
38. Cuando
era gaucho baquiano, aunque el potro se boliase, no había uno que no parase con
el cabestro en la mano.
39. Dios
formó lindas las flores, delicadas como son; le dio toda perfección y cuanto él
era capaz, pero al hombre le dio más cuando le dio el corazón.
40. Si
no llego a treinta y una de fijo en treinta me planto, y esta confianza
adelanto porque recebí en mí mismo, con el agua del bautismo, la faculta
para el canto.
41. El
campo es del inorante, el pueblo del hombre estruido; yo que en el
campo he nacido digo que mis cantos son para los unos… sonidos, y para otros…
intención
42.
43. Mucho
tiene que contar el que tuvo que sufrir, y empezaré por pedir, no duden de
cuanto digo; pues debe crerse al testigo si no pagan por mentir.
44. Sé
dirigir la mansera y también echar un pial, sé correr en un rodeo,
trabajar en un corral, me sé sentar en un pértigo lo mesmo que en un bagual.
trabajar en un corral, me sé sentar en un pértigo lo mesmo que en un bagual.
45. Gracias
le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor
y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor.
y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor.
46. Viene
uno como dormido cuando vuelve del desierto, veré si a explicarme acierto entre
gente tan bizarra, y si al sentir la guitarra de mi sueño me dispierto.
47. Canta
el pueblero… y es pueta; canta el gaucho… y ¡ay Jesús! lo miran como
avestruz su inorancia los asombra; mas siempre sirven las sombras para
distinguir la luz.
48. Tanto
el pobre como el rico la razón me la han de dar; y si llegan a escuchar
lo que esplicaré a mi modo, digo que no han de reír todos, algunos han de llorar.
lo que esplicaré a mi modo, digo que no han de reír todos, algunos han de llorar.
49. Siento
que mi pecho tiembla, que se turba mi razón, y de la vigüela al son
imploro a la alma de un sabio que venga a mover mi labio y alentar mi corazón.
imploro a la alma de un sabio que venga a mover mi labio y alentar mi corazón.
50. Atención
pido al silencio y silencio a la atención, que voy en esta ocasión, si me ayuda
la memoria, a mostrarles que a mi historia le faltaba lo mejor.
51. De
naides sigo el ejemplo, naide a dirigirme viene, yo digo cuanto conviene, y el
que en tal güeya se planta debe cantar cuando canta con toda la voz que
tiene.
52. Y
no piensen los oyentes que del saber hago alarde; 80 he conocido aunque
tarde, sin haberme arrepentido, que es pecado cometido el decir ciertas
verdades.
53.
54. Irse
a cruzar el desierto lo mesmo que un foragido, dejando aquí en el olvido,
como dejamos nosotros, su mujer en brazos de otro y sus hijitos perdidos.
55. Y
el que me quiera enmendar mucho tiene que saber. Tiene mucho que aprender el
que me sepa escuchar. Tiene mucho que rumiar el que me quiera entender.
56. Yo
he conocido cantores que era un gusto el escuchar; mas no quieren opinar
y se divierten cantando; pero yo canto opinando que es mi modo de cantar.
y se divierten cantando; pero yo canto opinando que es mi modo de cantar.
57. Déjenme
tomar un trago, estas son otras cuarenta, mi garganta está sedienta
y de esto no me abochorno. Pues el viejo como el horno por la boca se calienta.
y de esto no me abochorno. Pues el viejo como el horno por la boca se calienta.
58.
59. Lo
que pinta este pincel ni el tiempo lo ha de borrar, ninguno se ha de
animar
a corregirme la plana; no pinta quien tiene gana sino quien sabe pintar.
a corregirme la plana; no pinta quien tiene gana sino quien sabe pintar.
60. Allá
no hay misericordia ni esperanza que tener. El indio es de parecer que
siempre matarse debe. Pues la sangre que no bebe le gusta verla correr.
61. Aunque
rompí el estrumento por no volverme a tentar, tengo tanto que contar
y cosas de tal calibre que Dios quiera que se libre el que me enseñó a templar.
y cosas de tal calibre que Dios quiera que se libre el que me enseñó a templar.
62. ¡Cuántas
veces al cruzar en esa inmensa llanura, al verse en tal desventura
y tan lejos de los suyos se tira uno entre los yuyos a llorar con amargura!
y tan lejos de los suyos se tira uno entre los yuyos a llorar con amargura!
63.
64. Brotan
quejas de mi pecho, brota un lamento sentido; y es tanto lo que he
sufrido y males de tal tamaño, que reto a todos los años a que traigan el
olvido.
65. Triste
suena mi guitarra y el asunto lo requiere. Ninguno alegrías espere sino
sentidos lamentos, de aquel que en duros tormentos nace, crece, vive y muere.
66. Hay
trapitos que golpiar. Y de aquí no me levanto; escúchenme cuando canto
si quieren que desembuche tengo que decirles tanto que les mando que me escuchen.
si quieren que desembuche tengo que decirles tanto que les mando que me escuchen.
67. Ya
verán si me dispierto cómo se compone el baile. Y no se sorprenda naides
si mayor fuego me anima; porque quiero alzar la prima como pa tocar al aire.
si mayor fuego me anima; porque quiero alzar la prima como pa tocar al aire.
68.
69. He
visto rodar la bola y no se quiere parar, Al fin de tanto rodar me he
decidido a venir, a ver si puedo vivir y me dejan trabajar.
70. Les
ha dicho a los demás que ustedes queden cautivos, por si cain algunos
vivos en poder de los cristianos rescatar a sus hermanos con estos dos
fugitivos.
71.
72. En
la orilla de un arroyo solitario lo pasaba, en mil cosas cavilaba, y a una
güelta repentina se me hacía ver a mi china o escuchar que me llamaba.
73. Vino
al fin el lenguaraz como a trairnos el perdón, nos dijo: -La salvación se la
deben a un cacique, me manda que les esplique que se trata de un malón.
74. Y
dele en su lengüeteo hacer gestos y cabriolas; uno desató las bolas y se
nos vino en seguida; ya no creíamos con vida salvar ni por carambola.
75. Y
las aguas serenitas bebe el pingo trago a trago, mientras sin ningún halago
pasa uno hasta sin comer, por pensar en su mujer, en sus hijos y en su pago.
76. Cruz
se dispuso a morir peliando y me convidó. Aguantemos, dije yo, el fuego
hasta que nos queme. Menos los peligros teme quien más veces los venció.
77. Se
armó un tremendo alboroto cuando nos vieron llegar, no podíamos aplacar
tan peligroso hervidero; nos tomaron por bomberos y nos quisieron lanciar.
tan peligroso hervidero; nos tomaron por bomberos y nos quisieron lanciar.
78. Se
vuelve aquello un incendio más feo que la mesma guerra. Entre una nube de
tierra se hizo allí una mescolanza, de potros, indios y lanzas con
alaridos que aterran.
79.
80. La
desgracia nos seguía, llegamos en mal momento; estaban en parlamento
tratando de una invasión, y el indio en tal ocasión recela hasta de su aliento.
81. Allí
estaban vigilantes cuidándonos a porfía, cuando roncar parecían «Huaincá»,
gritaba cualquiera, y toda la fila entera Huaincá, Huaincá repetía.
82. Pegó
al fin tres alaridos y ya principia otra danza; para mostrar su pujanza y dar
pruebas de ginete dio riendas rayando el flete y revoliando la lanza.
83. Dentra
al centro un indio viejo y allí a lengüetiar se larga. Quién sabe qué les
encarga, pero toda la riunión lo escuchó con atención lo menos tres horas
largas.
84.
85. Recordarán
que con Cruz para el desierto tiramos, en la pampa nos entramos, cayendo
por fin del viage a unos toldos de salvajes, los primeros que encontramos.
86. Pero
el indio es dormilón y tiene un sueño projundo. Es roncador sin segundo y en
tal confianza es su vida, que ronca a pata tendida aunque se dé
güelta el mundo.
87. Recorre
luego la fila, frente a cada indio se para, lo amenaza cara a cara
y en su juria aquel maldito acompaña con su grito el cimbrar de la tacuara.
y en su juria aquel maldito acompaña con su grito el cimbrar de la tacuara.
88. Parece
un baile de fieras, sigún yo me lo imagino; era inmenso el remolino, las voces
aterradoras, hasta que al fin de dos horas se aplacó aquel torbellino.
89. Volvieron
al parlamento a tratar de sus alianzas, o tal vez de las matanzas, y
conforme les detallo, hicieron cerco a caballo recostándose en las lanzas.
90. De
ese modo nos hallamos empeñaos en la partida. No hay que darla por
perdida por dura que sea la suerte; ni que pensar en la muerte, sino
en soportar la vida.
91. A
cada respuesta nuestra uno hace una esclamación, y luego en continuación
aquellos indios feroces cientos y cientos de voces repiten el mesmo son.
92. Y
al que le toca la herencia donde quiera halla su ruina. Lo que la suerte
destina no puede el hombre evitar. Porque el cardo ha de pinchar es que
nace con espina.
93.
94. Nos
aviriguaban todo como aquel que se previene, porque siempre les
conviene saber las juerzas que andan, dónde están, quiénes las mandan, qué
caballos y armas tienen.
95. Es
el destino del pobre un continuo safarrancho, y pasa como el carancho porque el
mal nunca se sacia, si el viento de la desgracia vuela las pajas del
rancho.
96. Y
aquella voz de uno solo que empieza por un gruñido, llega hasta ser alarido
de toda la muchedumbre, y ansí alquieren la costumbre de pegar esos bramidos.
de toda la muchedumbre, y ansí alquieren la costumbre de pegar esos bramidos.
97.
98. Mas
todo varón prudente sufre tranquilo sus males. Yo siempre los hallo
iguales en cualquier senda que elijo. La desgracia tiene hijo aunque ella
no tiene madre.
99. Se
endurece el corazón, no teme peligro alguno. Por encontrarlo oportuno allí
juramos los dos: respetar tan sólo a Dios de Dios abajo, a ninguno.
100. Más
que yo y cuantos me oigan más que las cosas que tratan más que lo que ellos
relatan mis cantos han de durar. Mucho ha habido que mascar para
echar esta bravata.















Comentarios
Publicar un comentario